Última actualización - Abril, 2018

Qué aspiramos

Queremos compartir buenas nuevas de libertad y resistencia solidaria a quienes tienen también el corazón quebrado, pero anhelan vivir con dignidad y esperanza, ​alimentándonos y prolongando, con fidelidad creativa, el camino recorrido por tantas personas justas de la historia que reconocemos como nuestrxs ancestrxs.

Quienes participamos en este mutuo acompañamiento espiritual y teológico desempeñamos diversos compromisos en el presente que nos desafían para vivir. En medio de la violencia global, queremos nutrirnos de la Sabiduría transformadora y pacificadora. Entre nuestras múltiples formas de compromiso, hay aquellas que van de la mano con apoyos formales de iglesias e instituciones religiosas, y otras que no se limitan a dicha colaboración. Nos une la lucha por la Vida​, en ​especial la más vulnerable y vulnerada. Abrazamos el presente, nuestras diversas experiencias de fe no niegan una actitud secular sino que la potencian. Es en el hoy que vivimos que optamos por priorizar nuestra relación con personas excluidas por diversos tipos de injusticia, discriminación e intolerancia.

Queremos ayudarnos a pensar nuestras vidas y nuestras prácticas ​desde el cariño que experimentamos de sabernos caminando juntxs con las personas y comunidades más olvidadas en nuestro entorno.

Queremos apoyar todas las formas de compromiso que cada quien ofrece en su propio contexto por medio del cuidado mutuo, la reflexión crítica y el ​sentipensar. Queremos interpretar lo vivido a partir de nuestros diálogos y encuentros, y promover su continuación y profundización. Queremos articular una teología viva.

Claves de interpretación

Buscamos que las intuiciones liberadoras que emergen de nuestros diálogos y encuentros grupales echen raíces en nuestras tradiciones espirituales diversas en las que la Vida ofrecida en donación y las voces de las víctimas y los gritos de la Tierra abren caminos de comunión.

Metodología

Desde el año 2016, venimos todxs articulando nuestro diálogo desde una metodología que parte de nuestras vivencias​, leídas e interpretadas a partir de nuestro involucramiento, pertenencia,             relación y amistad con personas que viven y resisten​, ​con dignidad y esperanza, a la opresión y ​al sufrimiento.

Desde esta perspectiva, ​hemos actualizado ​el método de ver/juzgar/actuar -asumido hace medio siglo por la teología de la liberación en América Latina y el Caribe-​ poniendo en juego en este      proceso de discernimiento todo lo que nos hace ser personas en relación, es decir, subjetividades en proceso de construcción permanente​. Nuestra memoria, nuestro dolor y nuestro gozo, nuestra experiencia de finitud ​y apertura al otro, de vulnerabilidad y liberación, todas ellas configuran nuestra experiencia personal, social y religiosa y, por tanto, se encuentran íntimamente unidas entre sí. Toda esa red de subjetividades ofrecida en solidaridad configura un itinerario vivo de reflexión y de prácticas concretas que puedan dar sentido al pasado, iluminar el presente, y anticipar, recibiendo y abriendo, un futuro prometedor de liberación y justicia para todxs.

Partimos de lo que vemos y sentimos, de lo que escuchamos y tocamos en nuestra vida cotidiana, y en el ejercicio de nuestros compromisos sociales y pastorales; no disociamos nuestros temores de los temores de lxs demás, ni nuestras esperanzas de las esperanzas de lxs demás.     Identificamos después los símbolos, reflexiones y prácticas que nos fortalecen y los ponemos en común.

Finalmente, optamos por aligerar la carga de tareas que puedan distraernos o encerrarnos, y priorizamos arraigar más hondamente el compromiso de nuestro actuar en la esperanza testimoniada que hemos recibido a través del mutuo acompañamiento. Así, vamos siendo fortalecidxs y animadxs en nuestro camino con personas y grupos vulnerables y resilientes que trabajan por el cambio de  mundo que anhelamos.

Ejes que sostienen y provocan una y otra vez nuestro diálogo

En fecundo caminar a lo largo de estos años, hemos conversado en torno a cuatro ejes temáticos, cuyos significados hemos construido y reconstruido entre todxs:

1) Vulnerabilidad. Las vulnerabilidades nuestras y del mundo son las fuentes de las que brota nuestro diálogo. No queremos esconder nuestras heridas, sino reconocer que sólo a partir de ellas podemos generar comunión de vida. Queremos ser liberación para los otrxs y para ello nos reconocemos a nosotrxs mismxs como sobrevivientes. Celebramos el compromiso de nuestras luchas y ministerios, pero sabemos que también hemos sido y somos opresorxs con necesidad de conversión. Concebimos nuestros muy diversos servicios y ministerios como un liderazgo sacramental que es signo de vida para el mundo, pero que sólo es fértil en la medida en que estamos atentxs a las voces y a las prácticas transformadoras de las víctimas y a los ​gritos de la Tierra. Queremos descentrar las instituciones a las que pertenecemos y hacernos presentes en los márgenes, vaciándonos con humildad para dar cabida al dolor y a la esperanza de nuestrxs  hermanxs con quiénes juntxs somos amamantadxs por los gritos y melodías de la Tierra.

2) Resistencia y resiliencia. Ante las opresiones y sistemas de dominación, exclusión y muerte, ​decidimos ser ​Amigxs de la Vida y la Creación, inspirándonos en ​la resistencia de las víctimas y en la resiliencia que les ha permitido seguir luchando. Queremos que nuestras comunidades, iglesias e instituciones sociales sean espacios de sanación y no de exclusión. En esta crisis epocal, que trasluce la violencia global y la destrucción de la Tierra, aspiramos a identificar las prácticas y símbolos que constituyen nuevas posibilidades para dar cabida a la Vida, como fuego nuevo que  emerge de las cenizas. Como un amanecer, percibimos signos de esperanza y aliento para quienes han sido descartadxs y para nosotrxs mismxs. En esas luchas reconocemos los límites de nuestras instituciones y también nuevas formas de comunialidad​, eclesialidad y comunión como anticipación del mundo nuevo prometido por la Sabiduría divina. Junto con las víctimas, queremos recuperar las espiritualidades que nos han sido secuestradas por un modelo sacrificial de religión​, es decir, aquellas prácticas y creencias religiosas que justifican y promueven la piedad del sufrimiento, la resignación y el sentimiento de pureza como acusación hacia quienes son diferentes.

3) Perdón ofrecido por las víctimas. Nos abrimos así a la gratuidad de la Vida que procede del perdón que ofrecen las víctimas y su proyecto de vida, ofrenda en donación que ensancha el presente y constituye hoy una anticipación escatológica del mundo por venir. Abrazamos la mutualidad, la amistad y el autocuidado de nuestros cuerpos y territorios liberados del resentimiento, la rivalidad y la culpa​, como principios de esperanza que nutren nuestros servicios, ministerios y luchas.

4) Diversidad. Este acompañamiento es un proyecto de gozosa interculturalidad. ​Queremos tejer comunión desde nuestras muchas diferencias, hacer un cuerpo común a partir de nuestros cuerpos, mentes y experiencias más hondas y diversas. Abrazamos las aspiraciones y las heridas de nuestras historias, así como los cuerpos que las albergan y las mantienen abiertas para otrxs. Celebramos la diversidad de nuestros contextos como una fortaleza y no como una amenaza. Abrimos nuestros corazones y mentes a las sorpresas de la pluralidad de sentidos y significados, y nos comprometemos a escuchar con paciencia y empatía para comprender desde dónde hablan nuestrxs hermanxs. De esta manera, caminamos hacia este horizonte de concordia y convivencia en el mutuo reconocimiento de nuestra rica diversidad y de la comunión que nos hace libres.